La Casa de Rosi

miércoles, octubre 19, 2005

¡Felicidades Andreu!


Vale, vale, es cierto, ayer 18 de octubre también fue el cumpleaños de Andreu y no había dicho nada...

¡¡¡Felicidades!!!

¡Siempre podemos llamar a los bomberos!


Hoy 19 de octubre de 2005 es el cumple del bomberito más "krustie" de todos los "Piolines". ¡¡¡¡Felicidades Eloy!!!! Y, de paso, se cumplen 11 años desde que nos conocimos, puffff... Qué paciencia que nos hemos tenido, ¡¡jajaja!!

miércoles, octubre 05, 2005

¡Mucha suerte en Japón, Mario!


Estos días estoy tristona porque se ha ido a Japón un amigo muy especial para mí: Mario. Ahora me río porque cuando te conocí pensaba que nuestra amistad no iba a llegar demasiado lejos, pero mira, lo que son las cosas, al final has acabado siendo uno de mis mejores amigos y quiero que sepas que te voy a echar mucho de menos. Estos años que te he tenido a mi lado en Barcelona has conseguido ser una persona muy importante para mí. Tú y Juan Marcos habéis sido (¡y sois!) realmente importantes para mí: ¡os quiero mucho a los dos!

Mi niña preciosa


Aquí está la nenita más bonita del mundo: es una foto de hace unos meses. Ahora está más grande y, como ya camina ( no camina, corre, pero bueno) se ha quedado más delgadita... ¿Es la niña más preciosísima del mundo, o no?

Literatura


Estos días estoy enamorada de un poema de Pedro Salinas del libro La voz a ti debida: sencillamente espectacular, como todos sus escritos, claro. Me encanta la forma que tiene de expresar lo que siente. Solo él es capaz de hacerlo de una forma tan genial. Fijaos en este poema: no nos dice de lo que está hablando, solo nos cuenta cómo lo siente él y solo al final del poema nos dice de qué está hablando. Además, al final, nos dice también porqué no nos ha dicho antes qué es lo que nos estaba describiendo: si nos hubiera dicho desde el principio de lo que hablaba, "no le habríamos entendido" como él quería que le entendiéramos.
Ahí va.


LA VOZ A TI DEBIDA
Versos 2089 a 2123

Tú no las puedes ver;
yo, sí.
Claras, redondas, tibias.
Despacio
se van a su destino;
despacio, por marcharse
más tarde de tu carne.
Se van a nada; son
eso no más, su curso.
Y una huella, a lo largo,
que se borra en seguida.
¿Astros?


no las puedes besar.
Las beso yo por ti.
Saben; tienen sabor
a los zumos del mundo.
¡Qué gusto negro y denso
a tierra, a sol, a mar!
Se quedan un momento
en el beso, indecisas
entre tu carne fría
y mis labios; por fin
las arranco. Y no sé
si es que eran para mí.
Porque yo no sé nada.
¿Son estrellas, son signos,
son condenas o auroras?
Ni en mirar ni en besar
aprendí lo que eran.
Lo que quieren se queda
allá atrás, todo incógnito.
Y su nombre también.
(Si las llamara lágrimas,
nadie me entendería.)