La Casa de Rosi

jueves, enero 26, 2006

Un día como otro cualquiera

Para que os hagáis una idea de lo que es un día normal en mi vida aquí en Barcelona, os cuento. Hoy era el último día para presentar la petición de beca para realizar un lectorado en el extranjero, con lo cual, he estado por lo menos hasta las once y media de la mañana preparando los últimos documentos que se me pedían, haciendo fotocopias, encuadernándolo todo, etc. Sobre las once y media de la mañana, me he puesto a hacer la faena que mi jefe me había enviado desde EEUU (¡suele enviarte faena para que la tengas terminada, no hoy, sino ayer!). He estado hasta la una y media del mediodía trabajando en esto pero me he tenido que ir al Rectorado de la UAB para pasar mi petición de beca por el Registro General. Una vez allí, me han dicho que no, que este tipo de becas no se podían enviar directamente por el Registro sino que tenía que ir yo a Correos a que me la sellaran para que me la enviaran desde allí. Bien, he ido a Correos. Me la han sellado y sobre las dos estaba en el despacho de nuevo. Aún no había preparado la clase de las tres de la tarde con los chinos y la clase era en Terrassa (o sea que tengo media hora de camino en coche), además, tampoco había comido. Bien, he preparado la clase de los chinos (de dos horas) de dos a dos y cuarto y a las dos y cuarto me he calentado mi Tupper (¡gracias al Lab. de Fonética que están aquí al lado y tienen microondas!) y he comido de dos y cuarto a dos y media. A esta hora, he salido escopeteada a buscar mi coche: ¡mierda! ¡no tengo gasolina! Genial, he ido a poner gasolina y he salido hacia Terrassa. He llegado a la clase de los chinitos a las tres y cinco más o menos. He dado la clase y a las cinco me he puesto camino a la UAB de nuevo, para seguir trabajando en lo que había dejado pendiente esta mañana: más deberes de mi jefe... Ahora sigo aquí, en el despacho, pero ya me voy (son las 18:55). Ahora iré a toda mecha al banco a sacar dinero (¡Wo mei you qian!) y a comprar el pan. Por cierto, mañana tengo un examen de chino y aún no he estudiado. La cosa promete. Llegaré a casa y me pondré a estudiar (eso si el Rubi no ha hecho de las suyas, algunos ya me entendéis...). Supongo que estudiaré hasta las nueve y media de la noche más o menos, me ducharé y a las diez y media iré cagando leches a sacar el perro y a buscar al Pepe en coche a la estación de ferrocarril. Llegaremos a casa casi a las once, el Pepe hará la cena y sobre las once y media supongo que estaremos cenando. A las doce me caigo de sueño y mientras el ángel de mi novio sigue en la cocina preparándome la comida de mañana y los bocadillos del desayuno y la merienda, me dejaré caer en la cama muerta de sueño y deseando que llegue el puto fin de semana.

Con esto, solo quiero que tengáis en cuenta una cosa: cuando os diga que no os llamo porque tengo muchas cosas que hacer, no penséis que me refiero a "no te llamo porque no tengo ganas..." No, realmente, creo que en mi caso, esta frase puede seguir conservando su sentido literal... ¿no?